1 de agosto de 2011

Historia de la Mina de la Esperanza

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La explotación industrial La Esperanza se dedicaba a la transformación del mineral de cobre que se extraía de otras minas. Las distintas operaciones de la producción se realizaban en una serie de edificios y naves adosados asentados sobre una larga pendiente. Al pie de la ladera se encontraban las casas del encargado y del guarda, mientras que la vivienda de los obreros se hallaba en una zona más alejada. Las ruinas permiten apreciar la sencillez y funcionalidad de la construcción, en la que predominaba el adobe, enfoscado o revestido al interior de ladrillo macizo, así como los bloques de hormigón de fabricación manual. La mampostería quedaba casi exclusivamente reservada a la vivienda del encargado.

El proceso comenzaba con el pesaje de la piedra de mineral, que era transportada por los camiones hasta la caseta de la báscula, de la que sólo queda el foso. Después ascendían hasta una plataforma descubierta donde el mineral era descargado en una cinta transportadora por raíles que lo conducía hasta una tolva. Desde aquí el mineral caía a una máquina machacadora y pasaba después a un molino de rodillos donde era apisonado. Aún son apreciables las dos alturas de esta sala de trituración y los pilares cilíndricos que soportaban el forjado.

Contigua se encontraba la sala del tanque, revestida completamente con ladrillo refractario. En el tanque, de planta circular, se mezclaba con productos químicos el mineral triturado con el fin de extraer el cobre. El tanque está dividido en cinco compartimentos, visibles al exterior por la disminución de su diámetro en altura, de los cuales era en el superior donde se realizaba la mezcla gracias a un mecanismo accionado desde la garita de los compresores. El producto resultante se dejaba reposar para su decantación y acababa saliendo por tubos dispuestos en los diferentes niveles, mientras que las impurezas lo hacían a un canal en dirección al barranco.

El proceso de fundición se iniciaba en un gran horno situado en la misma sala del tanque y se completaba en otros dos hornos más pequeños dispuestos en la sala de calderas contigua. Formaba parte de este mismo proceso el tratamiento del cobre en un molino de bolas ubicado en una cámara subterránea. Por último, dos bombas de arena elevaban el metal a unas pilas de almacenamiento construidas en la nave anexa, cuyo espacio compartían con una zona de taller, con acceso independiente desde el exterior. Un almacén y un cubierto utilizado como garaje completaban las instalaciones.

A escasa distancia se levantaba la casa del encargado, un edificio exento de planta rectangular y una altura, de mayor calidad constructiva y empaque por el empleo de la piedra y la presencia de óculos en la falsa generada por el tejado a dos aguas. Su espacio interior está distribuido en vivienda y laboratorio, de blancas paredes de azulejos, comunicados entre sí pero cada uno con entrada propia, la del laboratorio con pequeño jardín delantero y fuente. Más abajo se sitúa la casa del guarda, de menor tamaño, construida en adobe y con corral.
 
Los obreros, que superaron la treintena, vivían en zona separada, en un alargado
edificio construido de adobe sobre zócalo de piedra compartimentado en nueve
viviendas, cada una con acceso independiente y dos habitaciones, cocina
comedor y dormitorio con cuatro camas de litera. Una de las viviendas estaba
reservada a la Guardia Civil de Épila por si necesitaban pernoctar.

Síntesis histórica de la Mina de La Esperanza

La explotación industrial La Esperanza dedicada a la transformación del mineral de cobre, tuvo, a pesar de su nombre, una corta andadura. Nació en 1947 a iniciativa de la empresa catalana Conductores Eléctricos Mercadé, pero el negocio no debió resultar suficientemente rentable y en 1952 se hizo cargo la empresa Explotaciones Mineras Aragonesas que sólo tres años después procedía a su cierre.

La instalación en el lugar elegido requirió de la empresa fundadora levantar una línea de tendido de Ricla a Rodanas para suministrar la electricidad necesaria para su funcionamiento, y abrir un camino de acceso (la actual pista) para los camiones que transportaban el mineral de cobre. Éste procedía fundamentalmente de las minas de Jarque y Purroy, en menor proporción de unas situadas en Rodanas y, en los últimos años, de las minas de Biel. En un intento de abaratar el coste del transporte, se probó a extraer mineral de unas cercanas minas de galería abandonadas, pero se desestimó pronto dada la pobreza y mala calidad del cobre.

Fuente SIPCA: 1) BIEL IBÁÑEZ, María Pilar. Inventario del patrimonio industrial y la obra pública de Aragón. Inventario inédito, Gobierno de Aragón, Diputaciones y Comarcas, 2004-2009. 2) BIEL IBÁÑEZ, Mª Pilar; Jiménez Zorzo, Francisco Javier. El patrimonio Industrial de la Comarca de Valdejalón. Zaragoza: Diputación Provincial de Zaragoza y Confederación de Empresarios de Zaragoza, 2005.

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